La deconstrucción del periodismo

Hace tiempo leí a Javier Errea sus conclusiones sobre “para qué sirve un periódico” que, a su vez, había preguntado en su día el Correio Braziliense a sus lectores. Aquel diario, recuerda Errea, recibió respuestas tan dispersas como:

“¿Para qué sirve un periódico?

Para calzar una mesa coja.

¿Y para qué sirve una mesa coja?

Para apoyar el vaso de vino que siempre beberemos antes de responder a la difícil cuestión de saber para qué sirven las mesas y no la más fácil de para qué sirve un periódico

Cuando yo era pequeña en mi casa se compraba el periódico para leer a Campmany, saber qué ponían en el cine, qué cosas importantes habían pasado esa semana, qué calle se cortaba ese día por una manifestación, ojear el horóscopo y comprobar quién había metido los goles del Madrid, aunque ya se supiera de sobra. El “para qué” variaba en función del lector que lo tenía en sus manos.

Ahora la mayoría de estas cosas nos llegan por otros cauces pero parece que la supervivencia de los periódicos sigue pasando por mostrar una oferta amplia, más allá del análisis de la actualidad. La pregunta es hacía dónde, porque parece que todas las posibilidades están ya sobre la mesa.

"The Guardian Building Window in London" by Bryantbob - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_Guardian_Building_Window_in_London.JPG#mediaviewer/File:The_Guardian_Building_Window_in_London.JPG
“The Guardian Building Window in London” by Bryantbob

La apuesta por la innovación de la que tanto se habla no se refiere solo a los formatos, sino también al tipo de contenidos. No es tanto cambiar el concepto de qué es noticia, sino mentalizarnos de que no es nada nuevo que los periódicos ofrezcan muchas cosas más allá de noticias. Es más, eso de ofrecer exclusivamente noticias como tal es un fenómeno de los últimos años, desde que internet le robó la exclusividad de otro tipo de contenidos.

Por eso, esa búsqueda de una nueva oferta que pueda complementar a la información tiene tres requisitos: que sea bonita, interesante y, sobre todo, exclusiva. Las redes sociales aparecen como la heredera lógica de este papel y, cada vez más, la prensa tradicional se abraza a ellas en un intento desesperado por sobrevivir.

En España, El País puso en marcha hace unos meses Verne, una web que se hace eco de los memes e historias más populares de la red y que consigue que el usuario quiera pinchar en todos sus titulares. Desde luego, como proyecto periodístico complementario a la información tradicional, triunfa. Ahora, ¿conseguirá aplicar la misma fórmula de éxito a los contenidos de calidad que genera El País?

En gastronomía, el maestro Adriá encontró una vía para la innovación a través de la deconstrucción de los elementos tradicionales de un plato. Quizá el periodismo podría utilizar esa misma vía –algunos ya lo están haciendo- repartiendo los textos más largos en cápsulas que consigan retener más fácilmente la atención de los lectores.

David Carr, el periodista del New York Times que murió la semana pasada en plena redacción, escribía hace pocas semanas un artículo en el que daba algunas claves sobre el reto que supone para los medios la integración de contenidos sociales en la información de calidad y viceversa.

David Carr. Credit Damon Winter/The New York Times
David Carr. Credit Damon Winter/The New York Times

Pero hay que tener en cuenta que lo que más comparten los usuarios no son solo los memes que nos llegan a través de whatsapp sino también contenidos generados por ellos mismos que -y es lo más preocupante- sólo giran en torno a ellos mismos. Nos quejábamos del periodismo ciudadano, en el que cualquiera que tuviera un blog podía dar su opinión sobre cuestiones de estado, por ejemplo, y que pareciese que aquello tenía la misma entidad que si lo hiciera The Economist. Por lo menos, aquel periodista ciudadano tenía interés en cuestiones importantes. Ahora el narcisismo que impregna las redes sociales amenaza con salpicar a las páginas de prensa cada día porque es lo único que parece interesar al público general.

Pero Carr no es (era) pesimista y abre la puerta al entendimiento entre tradición y novedad: para él, es encantador pensar que la familia que antes veía la tele el día de navidad –juntos, pero sin interactuar- ahora se hace un seflie o un vine, y se ríe y lo comparte antes, durante y después. En este caso no puede considerarse que haya narcisismo, por lo menos, no en sentido destructivo.

Los medios tendrán que auto vigilarse para no confundir el contenido efímero del duradero y para combinar equilibradamente el Yo con el Mundo, buscando el modo de romper o de explotar todo ese narcisismo.

De momento las posibilidades parecen infinitas y las apuestas arriesgadas, escasas. Como promesa para el futuro, El Español de Pedro J. apunta en boca de Eduardo Suárez:

“buscamos ese mundo limítrofe con el periodismo, que no es exactamente periodismo -Ilustración, animación, arte, ingeniería, videojuegos- en el que se pueden hacer cosas interesantes que no se han hecho aún, en España al menos.”

Habrá que esperar unos meses para ver si lo consiguen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s